miércoles, 11 de noviembre de 2009

MUJERES CON DOBLE VIDA

Muchas veces confundimos nuestras obligaciones y deberes con la rutina.
La mujer suele cansarse de ser la “muñequita de aparador”; el esposo le da todo (en lo material) pero eso no es suficiente para ella cuando ya no se siente mirada como mujer, o eso es lo que ella piensa porque ya no es besada tan apasionadamente como cuando se casaron.
La mujer, una vez cansada de su rutina, muchas veces desea nuevas emociones, algo que la haga sentir que aún esta viva, quiere o fantasea con alguien que se fije en ella como mujer, y se atormenta y desespera y busca excusas que justifiquen su mal humor, su aburrimiento, se siente controlada porque no sale a trabajar, porque con justas razones el esposo le dice “dedícate a los niños”, “mientras yo pueda les doy lo necesario” es muy sabido que muchos hombres usan estos argumentos para limitar o hasta anular a la esposa, para aislarla y someterla a sus caprichos, sus maltratos y sus “ordenes”

Pero también es bien sabido que existen hombres nobles que lo que buscan es el bienestar de los hijos y de la mujer que escogió como esposa y trabaja y se sacrifica para que no les falte nada, aun así ella un día de tantos, ya cansada del hastío de su hogar, de hacer todo mecánicamente, sale de esa rutina que la ahoga y la asfixia, y se conecta al Internet, que bien se siente, esta conociendo nuevos amigos, amigos que la hacen sentir importante, le despiertan emociones que hace mucho no sentía y así de repente esa mujer, que hasta hace muy poco pregonaba a los cuatro vientos, sus principios morales, sus valores familiares, todas las reglas que constituyen la educación que fue recibida en su hogar, los deja olvidados en el rincón donde dejó guardada la escoba y el sacudidor, y empieza hablar mas seguido con "ese alguien especial" que recién conoce.
Le resta importancia a sus hijos y a su esposo, ya sólo vive para esperar el momento de conectarse a la net para sumergirse en ese mar prohibido llamado: infidelidad, mentiras y fantasías. Empieza una doble vida de confidencias que van y vienen, “mi esposo no me atiende” “no me valora” “ya no me ama y yo he dejado de amarlo” el por su parte, sabe que palabras decir “mi esposa no me comprende” ya no dormimos juntos” “porque no te conocí antes” “eres lo que siempre espere” y se vuelven indispensables el uno para el otro, o eso es lo que ella quiere creer.

Es tanto “el amor” de él que “se sacrifica” para demostrarlo, viaja al lugar donde se encuentra ella (o a veces es ella la que busca la manera de ir), y tienen su encuentro íntimo tan esperado para consumar plenamente su amor, un día de tantos él desaparece, se pierde de la pantalla, del mensajero y de todo lo que pudo servir como medios para su comunicación, cambia su número de teléfono, ya no la llama, no hay explicación de su parte, no hay un adiós y empieza para ella un nuevo sufrimiento, amargura y frustración, rabia por haber sido usada, y despierta brutalmente a la realidad, pesa sobre su conciencia un engaño que ni el esposo ni sus hijos merecían.
Se siente sucia y con las ilusiones rotas, todo lo que él le dijo era mentira, las promesas de una vida juntos se esfumaron y lo que es peor, ella lo ama, ¿cómo volver atrás?, ¿cómo ver a su esposo de frente?, ¿cómo pudo olvidarse de sus principios? Y lo que es peor, no tiene a quien contarle ¿Cómo podría contar que fue infiel? ¿Cómo saber si su esposo la perdonaría? Y se calla y aunque la conciencia le corroe el alma, sigue con el esposo incauto e inocente del drama que ella vive, sigue con el esposo porque así de golpe, se dio cuenta que él realmente la ama, sigue con él porque es el padre de sus hijos, después de todo ella sola no podrá tener las comodidades que el esposo amante y trabajador le da.

Son incontables los casos de esposas que cansadas del descuido o abandono del esposo, se aventuran a buscar en otro hombre lo que por deber moral deben buscar en su esposo, hablar claramente, decir cómo se sienten, pedir lo que les hace falta, reavivar lo que un día las enamoró, y si después de todo y por las razones que sean, el matrimonio ya no se salva, ¿porqué no plantear la separación legal y entonces buscar lo que según ella le hace falta? ¿Por qué no rescatar sus principios antes que éstos se pierdan?

Es bien cierto que todo ser humano, hombres y mujeres tienen el derecho de sentirse amadas/os, ¿pero tenemos derechos de traicionar, de ser infieles y luego pretender que no nos hagan lo mismo?
¿Tú que piensas?
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